miércoles, abril 15, 2009

Tecnologías de la palabra

Como parte de la respuesta a la pregunta sobre el libro de Walter Ong reproducimos a continuación un texto reciente.
¿No les parece que estos cambios traen mucho para pensar acerca del papel de la escuela actual?
Esperamos que la mirada histórica sirva para reflexionar sobre estas cuestiones.
Agradezco a Miguel Somoza la sugerencia de incluir este artículo.
Paula Spregelburd



TRIBUNA: JOSÉ ANTONIO MILLÁN Leer sin papelLa lectura de textos digitales en pantallas de ordenador, teléfonos y libros electrónicos ofrece ventajas e inconvenientes respecto al modo tradicional. Modificará nuestros hábitos y su avance parece imparable JOSÉ ANTONIO MILLÁN 09/04/2009
Cuando le preguntaron a un especialista cuál sería el futuro del libro contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Terrible predicción... que fue formulada hace más de un siglo, en 1894. Lo que entonces se suponía que iba a terminar con la lectura en papel era la grabación fonográfica.Leer es una actividad neurológicamente complejísima. Lo hacemos con todo el cuerpoHay estudios que describen a lectores de 'web' como "promiscuos, diversos y volátiles"Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o (como acaba de proponer el académico Darío Villanueva) portalibros.Nadie sabe a ciencia cierta qué nos deparará el futuro, pero de momento el avance de los textos digitales ha provocado una extraordinaria cantidad de reflexiones y estudios sobre la lectura. Y de ellos podemos concluir que leer en papel es una operación muy diferente de la lectura en pantalla: mucho más de lo que podría parecer.Y es que leer no es sólo acceder con los ojos al texto. Si así fuera, lo más cómodo sería un artefacto por el que fueran desfilando las letras (al modo de los textos que corren en las marquesinas) , como en el cuento de Isaac Asimov que transcurre en 2157. Su protagonista recuerda: "Había una época en que los cuentos estaban impresos en papel. Era divertidísimo leer palabras que se quedaban quietas en vez de desplazarse". Es difícil que llegue este libro futuro de palabras móviles porque el lector común no lee letra a letra ni palabra a palabra sino que se administra a bloques, mediante saltos de los ojos, las porciones de texto que va descifrando.Pero, ¿y la tinta electrónica?, ¿y esos dispositivos (como el Kindle, el Sony o el iLiad) que presentan página a página de quietas palabras, en condiciones casi perfectas de legibilidad? ¿No será lo mismo leer en ellos que leer en un libro o un periódico de papel? Sorprendentemente, no.Los últimos siglos la lectura ha estado asociada a unos soportes materiales y a una serie de prácticas ligadas a ellos. Lo primero de lo que nos informa la obra en papel es de su tamaño: una novela o un manual de 700 páginas no encierra las mismas promesas que su equivalente de 150. Cuando las páginas que quedan por leer a la derecha del volumen forman un pequeño bloque, sabemos que ese encuentro de los protagonistas ha de ser el último que presenciemos, o que el autor considera que ya sabemos casi todo respecto a la materia que estudiamos.Pero los artefactos lectores presentan idéntica apariencia para obras enormes o diminutas. Sí: indican de distintas maneras lo que llevamos leído en relación a lo que falta, pero eso nos informa de un modo sorprendentemente pobre sobre nuestra relación con la obra.Los lectores electrónicos además aplanan el texto, suprimiendo las distinciones tipográficas y espaciales que lo jerarquizan a los ojos del lector. Hay que señalar que aquí radica también una de sus ventajas, porque permiten aumentar el tamaño de la letra para lectores con problemas de visión. Pero en productos textualmente complejos como los periódicos la jerarquizació n tipográfica es vital. El poeta experimental Kenneth Goldsmith creó la obra Day (2003) reescribiendo en un tamaño de letra uniforme la totalidad del ejemplar de diario The New York Times del 1 de septiembre de 2000, incluidos anuncios y cotizaciones de Bolsa. La resultante fue un tomo de 836 páginas tamaño folio. ¿Un solo ejemplar de un periódico contenía tanto texto como un novelón? Sorprendentemente sí, pero sobre el papel la disposición espacial y los tamaños de letra van diciendo al lector qué importancia y uso tiene cada texto: éste para lectura, éste para hojeo, éste sólo para consulta.Otra cuestión que rompe con hábitos culturales sólidamente asentados es el hecho de que dentro del e-book convivan muy distintos libros. En la experiencia común, un tomo podía agrupar diferentes obras siempre y cuando tuvieran algo que ver entre sí, como ocurre en una antología o las comunicaciones de un Congreso. Pero mi e-book contiene un par de novelas de Galdós, otra de Neal Stephenson, los manuales del aparato, distintas selecciones de prensa del día, varias traducciones de la Biblia y una extensa convocatoria del BOE.¿Perdemos algo leyendo en pantalla? William Powers, columnista de la revista estadounidense The Nation, llamaba recientemente al papel "el arma secreta de los periódicos": "La mayor fuerza del papel reside en el hecho de que la mente se asienta en un estado de tranquilidad apaciguada que da lugar a reflexiones más acertadas. Ese estado es mucho más difícil de lograr cuando se lee en formato digital donde la información es infinita y donde existen tantas actividades posibles en cualquier momento".En efecto: hay estudios que describen a los lectores de páginas web, incluso académicos, como "promiscuos, diversos y volátiles", por su hábito de "picoteo" de páginas, lectura parcial y cambio frecuente de objeto. No es extraño que surjan programas que, como Readability, despejan el contenido de una página web retirando todo lo que rodea al texto central (propuestas de otras lecturas, anuncios, barras de navegación), con el objeto de que el lector se concentre.El papel, por el contrario, ata al lector a una obra determinada, pero eso no es necesariamente malo. Encerrados en un vagón de ferrocarril con un único libro, se nos plantea el reto de proseguir su lectura, aunque sea compleja, mientras que situados ante una proliferación de obras podríamos saltar a otra, y de ella a otra más, sin nunca terminar ninguna... El papel también hace nuestro lo que leemos, a través de subrayados y anotaciones, operaciones imposibles o muy engorrosas sobre textos digitales.No es extraño que cambios aparentemente menores en la práctica lectora (como leer en un soporte material o en uno virtual) tengan consecuencias notables. La lectura es una actividad neurológicamente complejísima. Una obra reciente de la psicóloga Maryanne Wolf, Proust y el calamar, nos recuerda que el acto de lectura no es natural: en él confluyen mecanismos cerebrales surgidos evolutivamente con otros fines, y de hecho el aprendizaje de la lectura cambia el cerebro del sujeto que la practica, hasta tal extremo que lo configura de una determinada manera si lee en caracteres alfabéticos (como el español) y de otra si lo hace en ideogramas chinos.Por otra parte, la especialista Anne Mangen nos recuerda "el papel vital de nuestros cuerpos, incluso en una actividad tan aparentemente intelectual como la lectura": leemos con todo el cuerpo, y sobre todo con las manos y los dedos. Y también sabemos desde el Renacimiento que leemos en el espacio: quien haya preparado una tarea intelectual distribuyendo libros abiertos, obras de consulta y esquemas por la mesa de trabajo sabe lo difícil que es organizar y percibir la multiplicidad dentro de una pantalla. El lector como un homúnculo que se asoma por las ventanas de los ojos a la ventana de la pantalla es una construcción irreal y reduccionista.Bienvenidos sean los libros electrónicos, que nos permitirán leer documentos larguísimos sin imprimirlos, y buscar palabras en sus páginas. Bienvenida sea también la lectura en la pantalla del ordenador, porque en muchos casos constituirá la única opción para leer obras a las que si no no podríamos acceder. Pero podemos estar seguros de que esta lectura nunca será "lo mismo" que la que habríamos llevado a cabo en papel: podrá ser suficiente para nuestros fines, podrá ser placentera, pero nunca será igual. Y sólo ahora estamos empezando a descubrir de qué maneras.José Antonio Millán es escritor y coordinador del informe La lectura en España.

3 comentarios:

  1. Hola!

    Comparto este texto extraido de internet. Me resulta interesante para complementar y ampliar el analisis sobre las tecnologias de la palabra de Walter Ong, en relación a los MEDIOS de producción, transmisión, distribución, etc, de saberes.
    Es un poco extenso pero vale la pena darle una leida.

    Homo videns. La sociedad teledirigida
    Giovanni Sartori, Taurus, Madrid, 1998, 140 págs.

    Los medios audiovisuales invaden paulatinamente la cultura contemporánea condicionando en igual medida la futura. Las estadísticas revelan que cada vez se leen menos libros y se compran menos periódicos. Como consecuencia de ello, los mass media -televisión y radio, principalmente- se convierten en la única, principal y casi exclusiva fuente de formación e información de la ciudadanía. Irrumpe también, con mucha fuerza, un nuevo medio de comunicación, Internet, y las posibilidades que se nos ofrecen desde la cibernética. ¿Cómo será la sociedad audiovisual y cibernética? ¿Cuál es la cultura que se está desarrollando actualmente?
    El politólogo y ensayista italiano, Giovanni Sartori, profesor de las Universidades de Florencia y Columbia, retoma sus tesis sobre los efectos de la televisión y hace, en su nueva obra, Homo Videns. La sociedad teledirigida, un análisis de la influencia de la televisión y de la cibernética en la sociedad actual. Intenta dar respuesta a los interrogantes de futuro que plantea el nuevo esquema de comunicación social que se está configurando actualmente. Un sistema dónde predominan los individuos solitarios, la comunicación es cada vez menos personal, la televisión se convierte en el vehículo universal de transmisión de información, desde los países más poderosos hacia todo el planeta, y aparece un nuevo elemento comunicacional: las redes de comunicación cibernéticas. De las que todavía se desconocen las consecuencias, tanto en la educación como en la intercomunicación de las personas, así como de sus diferentes utilizaciones.
    El autor de Teoría de la Democracia (Alianza, Madrid, 1988) y Elementos de Teoría Política (Alianza, Madrid, 1992), entre muchas otras obras y escritos, es tajante en sus convicciones. En su crítica al poder de la televisión y de la cibernética, niega las posibilidades de la información audiovisual como fuente de formación. Ésta anula la posibilidad de hacer abstracción de los conceptos aprehendidos y de configurar nuevas ideas, postulados y proyectos. Anula la capacidad de reflexión del ser humano. La cultura, por tanto, se vuelve superficial, con abundancia de imágenes pero escaso contenido. La sociedad, por tanto queda, a juicio del politólogo, en manos del poder audiovisual.
    Respecto de Internet, la otra herramienta comunicacional, ya real pero con una gran proyección de futuro, duda seriamente sobre la posibilidad de que pueda ser utilizada como vehículo cultural. Ve la todopoderosa red reducida a un mero instrumento de diversión, destinada a los hobbies o, en todo caso, con alguna utilidad práctica -fundamentalmente administrativa-. Arremete contra los teóricos defensores de un mundo futuro basado en las redes cibernéticas, rebatiendo las teorías de los hoy muy en boga, Nicholas Negroponte y Luís Rossetto, entre otros. En último caso, se decanta a favor del triunfo de la televisión sobre internet, como instrumentos de comunicación social de masas.
    A partir de estas cuestiones, teoriza sobre las posibilidades de los medios audiovisuales tanto para informar como para crear o contribuir a transmitir la opinión pública. Sartori niega a la televisión cualquier posibilidad de transmisión de una opinión pública real, en tanto en cuanto, según el intelectual italiano, son los propios medios audiovisuales los creadores de las diferentes corrientes de opinión, que luego se encargan de presentar cómo la opinión de una/s determinada/s sociedad/es. Por otra parte, no es menos favorable a concederle al medio televisivo unas mínimas posibilidades informativas. Califica a la televisión de reduccionista, porque coge una realidad determinada y la simplifica y reduce al máximo para transmitirla. Y utiliza dos términos para definir el medio: "subinformación", en tanto que los mensajes son extremadamente resumidos y simplistas, y "desinformación" porque, a menudo, se utiliza para dar una información "amañada", de acuerdo con las convicciones de los que ostentan el poder, y también en función de lo que éstos desean transmitirnos.
    Ante este panorama, ¿cómo actúa la televisión en un sistema de democracia?. El análisis de Sartori señala dos cuestiones o aspectos principales: por un lado, la desaparición de los partidos como base sustentadora de una política determinada, poniendo los ejemplos norteamericano -donde el sistema de partidos es muy débil- e italiano -Silvio Berlusconi se hace con el poder sin tener un partido fuerte que lo apoye pero tiene, eso sí, uno de los grupos de comunicación más fuertes del país-; por otro, en la televisión se dejan de vender idearios políticos, ahora lo que se vende son personas, imágenes. Se pasa, además, a una nueva forma de hacer política, influenciada por el poder de los medios de comunicación. Un ejemplo de esto, a juicio del autor, sería el caso de la intervención de Ronald Reagan en el Irangate, después de que la sociedad norteamericana contemplara el dolor televisado de los padres de los rehenes.
    Mientras tanto, la información en manos del pueblo es cada vez más pobre, a la vez que a la sociedad se le pide más participación y se produce el tránsito de una democracia representativa a una directa. Pero, ¿cómo se puede opinar y participar sin tener un criterio previamente formado? O mejor, ¿qué tipo de participación se pide cuando existe un criterio, pero alimentado al amparo de corrientes de opinión pre-configuradas a través de los medios de comunicación dominantes? Como ilustrativo, el autor italiano recoge un dato: en occidente las personas políticamente formadas o interesadas en la materia son entre un 10 y un 25 por cien. Las que realmente tienen competencia se reducen a entre un 2 y un 3 por ciento.
    El cuadro descrito por Sartori es desolador. Sin solución, a éste le resulta imposible encontrar una fórmula que redima la televisión. Las tesis que sostiene con convicción a lo largo de su último libro, se condensan en las siguientes líneas: "Mientras la realidad se complica (…) las mentes se simplifican y nosotros estamos cuidando a un video-niño que no crece, un adulto que se configura para toda la vida como un niño recurrente (…) Nos encontramos ante un demos debilitado, no solo en su capacidad de tener una opinión autónoma sino también en clave de pérdida de comunidad".
    Se crea, de este modo, una "multitud solitaria", una "soledad electrónica", dirigida por los que tienen el poder televisivo. Se anula el valor del medio como instrumento democrático. La sociedad deriva entonces hacia una era de "post-pensamiento", de pérdida de la capacidad de pensar. Para Sartori es una situación comparable a la Baja Edad Media. Y de la cual vaticina que será muy costoso retornar.
    Es esta una reflexión interesante y original -algo a lo que nos tiene acostumbrados el autor- sobre la influencia del que se ha dado en llamar el "cuarto poder" en el desarrollo de la cultura contemporánea, aunque su conclusión constituya la negación casi absoluta de los posibles valores formativos del medio audiovisual.


    Saludos. Juan

    ResponderEliminar
  2. Hola Juan:
    Solicito tu autorización para incluir el texto en el blog porque creo que es un importante aporte para estimular el debate.
    Me gustaría que envíes tus datos personales.
    Agradecido por tu participación

    ResponderEliminar
  3. Hola Rubén

    Me alegra que sea de utilidad, incluya sin inconvenientes el texto en el blog, ya que la idea de compartirlo surge de la necesidad de crear espacios de debate para afrontar nuestras dudas y generarnos cuestionamientos.

    Gracias, y nos vemos pronto.

    Juan I.García.
    Lic. Cs. Educación. Sede Luján.

    ResponderEliminar

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.